viernes, 6 de mayo de 2016

Relatos de un filósofo mediocre. Pensamientos II.

Curiosa la conexión que genera tu mente con tu entorno cuando estás en un lugar público solo. No un lugar público tipo parque o plaza. Emplazamientos públicos, tipo Burger King o alguna cafetería impersonal de las que hay por el mundo. Como decía, me parece curiosa esa conexión súbita e innecesaria que hace tu mente con el establecimiento y las almas de las personas que lo ocupan. Cuando estás solo te crece esa vena humanista que toda persona contiene muy dentro sí y que solo reluce de manera heroica cuando ocurre un atentado, perpetrado por un grupillo de gente muy mala que ataca a gente muy buena y que como es normal, yo, que soy de esa gente buena, me compadezco de otra gente buena y me indigno por el acto de esa gente mala. Me estoy desviando del tema, seré de esas personas malas. Decía que en estos establecimientos de carácter público, cuando se está solo, se piensa de distinta forma. Contemplo lo que acontece de una manera más profunda. Cuando entro en este tipo de trance existencial miro hacia todos los grupillos de jovenzuelos -y a veces no tan jovenzuelos- que suele haber por allí. También hay de mi edad. Universitarios que no quieren cocinar ese día y bajan a por unas hamburguesas bien ricas y frescas. Probad a ir solos a las ocho de la tarde un viernes cualquiera. Mirad, yo vengo de un pueblo grande o ciudad pequeña, como oportunes. Recuerdo y casi siempre con ternura y anhelo, mis doce/trece años bien cumplidos, sano, escuchando musicote y quedando los días de diario para hacer el cafre; mi paga de dos o tres euros, según convenga; ir a los cibers y echar allí mis horitas con los colegas. Normalmente los chicos íbamos por un lado y las chicas por otro. Se tonteaba de muy mala manera -normal para la edad- y mi teléfono era unos de estos Nokias que todos hemos tenido. Sí, ese que se deslizaba y bum, camarote VPG. Según he podido ir recopilando de conversaciones con gente de otros sitios, esta rutina pre-adolescente es bastante común. Pues en esto pensaba yo en un Burger King cuando vi comportamientos que me llamaron la atención. No caeré en el tópico generacional de "mi época es mejor que las que vengan y la que se fue no nos entendió". Pero casi. Sólo tengo que decir que la niñez y la adolescencia de esta generación dos mil queda en una situación que no le corresponde. Por supuesto hablaré en términos generales y sin ánimo de ofender. Quién se ofenda que se joda. Pero seamos sinceros, los blogs literarios o de pensamientos no suelen interesar a estos jóvenes. He visto a un pre-puber mirar de la manera más lasciva posible para su edad y su posible condición sexual -asumiré que es heterosexual y mucho, si es que sabe lo que es eso- para acto seguido soltar algún tipo de guarrada, bastante elaborada para lo que se puede esperar de él sobre sexo. Esto también se hacía en mi época. Yo lo he visto y no negaré que alguna vez lo pudiera haber hecho. La diferencia es que acto seguido solíamos correr en dirección opuesta tras soltar alguna tontería y reirnos de nuestra poderosa valentía de decir un "tía buena" bien gritado a cinco metros suyos para asegurar la carrera. Yo creía que lo de las burradas de seres profundamente alcoholizados en un botellón, eran para mi generación cuando tuviera unos dieciséis/quince años. Incluso lo sigo viendo a veces en San Justo a las tres de la mañana. Pero para esta nueva generación eso constituye un Burger King a las ocho de la tarde un viernes con mis nuevos colegas de primero de la ESO. No lo criticaré tanto por su edad pero, sí por ese salto generacional que mencioné, lo veo interesante y distante. 
Asumo por varias razones que la educación directa de los padres es similar a la de mi generación, y evoqué esos recuerdos que tengo de cuando tenía su misma edad. El chaval vestía mejor que yo actualmente, eso seguro. Valía más lo que llevaba puesto que lo que había en mi mochila. Asumo también que seguramente habrá bebido ya. Es curioso lo que llegué a pensar mientras observaba y recordaba mi pasado. Mi primer beso, mi primer cubata, mi primera baja en el Counter-Strike, mi primer coqueteo con la literatura, amigos y un largo etcétera. 
Para terminar, diré que me consuela lo siguiente: El único lazo que une a mi generación con esta nueva es que seguimos saliendo a las seis de la tarde un viernes, y nos recogemos a las diez y con suerte un sábado. Lo que pasa es que a ellos seguro que le dan más paga, si no de qué.

No hay comentarios:

Publicar un comentario