martes, 4 de octubre de 2016

Relatos de un filósofo mediocre. Drogaína y otros despropósitos.

La droga es sana y más aún cuando eres universitario o desempleado. Ojo a la palabra "desempleado" cuando me quiero referir a gente de mi edad. Son cosas que no debería escribir pero... Mi faina es la siguiente: soy universitario y me drogo - y para más inri estudio Filosofía -. Me gustaría aclarar que no me drogo como en esas pelis kinkis de los años setenta/ochenta. Las agujas de momento sólo para insertar tinta en mi piel cuando tengo el dinero suficiente. Bebo, fumo tabaco, de vez en cuando porreles y me gusta. Será por eso de la bohemia vida del que disfruta de las vidas bohemias. Incapaz de vivir una pero acercándose todo lo que pueda para llegar a tocarla, mediante un cigarro bien fumado y leyendo a Hemingway luchando contra un pez. Esa referencia, de gratis. La función estética del copazo de vino barato y un buen cigarro humeante dependerá de a qué escritores leas. Sería como intentar esas resoluciones solitarias leyendo a Elvira Lindo, Blue Jeans o, como no, Paulo Coelho. No es lo mismo. Hay un hueco oscuro lleno de escritores borrachos, drogadictos y con circunstancias personales que ya de por si dan para una buena novela. Yo me pregunto hasta dónde la estética es necesaria para que se lea a estos autores. Sí, es cierto, hay gente que disfruta de leerlos y son straight edges pero no va por ahí la cosa. Olvidemos ubicar por un momento. Pensemos en la imagen pura (me ha salido solo, Kant no me gusta) y en el arquetipo de escritor aventurero que escribe sucesos cotidianos. Esos sucesos son para vidas ajetreadas; apuestas, alcohol, prostitución... y eso hay gente que lo valora estéticamente. Me encantaría haber llevado la vida de Kerouac o de Panero, no por sus novelas o poesías, si no por una cuestión estética. Me gusta "cómo queda" todo eso en un currículum. En mi caso, ahí veo la esencia del escritor que sangra lo que escribe aunque la mayoría de cosas sean ilegales. Si os sois sincero, me revienta ir a tiendas de libros de segunda mano y encontrarme ediciones de Oscar Wilde al lado de Dalas, por ejemplo. Porque pienso que aunque todo el mundo tiene derecho a escribir, sólo unos pocos pueden ser escritores, y eso se aprende. Se aprende a sentir y deletrear lo escrito para disfrutarlo desde otro punto de vista. Por ello, yo no me siento escritor aunque pretenda tener cierto fuelle. No vivo esas vidas de ensueño que me imagino cuando leo a Borroughs o a Camus. Digamos como conclusión que me atrae la bohemia. La bohemia moderna, que yo la entiendo como la "la belleza del escroto" ya que belleza y escroto son palabras que suena como muy raras cuando comparten oración ¿no es cierto? Lo mismo me pasa con drogas y literatura, son palabras que me atraen porque una contiene la belleza, y la otra la ensucia para embellecerla. Porque la palabra escroto al principio suena mal, pero cuanto más la dices más tecnicista y perfecta suena. O algo así.

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